Tras un accidente cerebro vascular o ictus la neuropsicología abordará tres pilares fundamentales: la cognición, la emoción y la conducta.

Déficits cognitivos en una o varias áreas

ANMESIA: es la afectación en la memoria. Las personas que la padecen no pueden aprender información nueva y/o pueden tener dificultad para recordar, comúnmente, hechos que han ocurrido recientemente.

APRAXIA: es la incapacidad para poner en marcha secuencias de movimientos con una intencionalidad (por ejemplo, llevarse un cubierto a la boca para comer o abrochar un botón) cuando no existe un problema motor que lo impida.

DÉFICIT DE ATENCIÓN: describe el deterioro sobre los procesos atencionales. Las personas que lo padecen, sufren irremediablemente disminución de otros procesos cognitivos. Por ejemplo: si una persona no atiende cuando le hablan, difícilmente puede comprender qué le han dicho, recordarlo más tarde, utilizar la información cuando sea necesario o dar una respuesta acertada.

SÍNDROME DISEJECUTIVO: es la afectación de las funciones ejecutivas. Éstas se definen como el conjunto de habilidades cognitivas que permiten la anticipación y el establecimiento de metas, la formación de planes y programas, el inicio de las actividades y operaciones mentales, la autorregulación de las tareas y la habilidad de llevarlas a cabo eficientemente.

AGNOSIA: es la dificultad para percibir imágenes, caras, sonidos, sensaciones incluso cuando sus órganos de recepción perceptiva se encuentran intactos

AFASIA: Es uno de los síntomas más comunes y visibles a nivel cognitivo del paciente que ha sufrido un accidente cerebrovascular, tras este la persona puede encontrar dificultad en el entendimiento del lenguaje o en su producción.

Trastornos conductuales

DESINHIBICIÓN:  por un daño cerebral, cambia forma de ser del paciente, se muestra muy impulsiva a la hora de hacer comentarios inapropiados ante otras personas. Su risa puede ser muy jocosa y desproporcionada. En algunas ocasiones esta desinhibición afecta a la sexualidad de la persona.

AGRESIVIDAD/HOSTILIDAD: hacen que la persona puede hacer comentarios muy hirientes hacia sus familiares cuando antes no solía tener esas reacciones a menudo desproporcionadas, en ocasiones puede llegar a la agresión física.

APATÍA: provoca dificultad para iniciar sus actividades, incluso las más cotidianas.

Trastornos del estado de ánimo:

ANSIEDAD, DEPRESIÓN, OBSESIONES: Estas pueden ser consecuencia directa de la lesión o se pueden producir por las circunstancias a menudo complejas y difíciles a las que se enfrenta una persona que ha sufrido un daño cerebral.

Los síntomas arriba mencionados se trabajan a través de la rehabilitación neuropsicológica, la rehabilitación cognitiva o la estimulación cognitiva.

 LA REHABILITACIÓN NEUROPSICOLÓGICA

Es necesaria cuando además de los procesos cognitivos el paciente necesita ayuda para reinstaurar otros aspectos de su vida tras el ictus como los emocionales, sociales, laborales, sexuales o regular su comportamiento tanto si este está descompensado por exceso (desinhibición, agitación o desasosiego) como por defecto (apatía o falta de motivación).

LA REHABILITACIÓN COGNITIVA

Hace referencia al proceso que tras un ictus trata de devolver al paciente las capacidades mentales superiores que se han afectado tras el ictus. Conseguir que el paciente mejore la comprensión del habla, mejore en la planificación del discurso, en el acceso al léxico, reinstaure sus procesos atencionales o aprenda medidas de compensación para sus dificultades de memoria, por ejemplo.

LA ESTIMULACIÓN COGNITIVA

está especialmente indicada para personas que han sufrido un accidente cerebro vascular o ictus que ya han pasado por el proceso rehabilitador pero que aún tienen limitaciones en los aspectos cognitivos y además quieren mantener los logros alcanzados en la rehabilitación cognitiva. En este caso la estimulación cognitiva consiste en la realización de actividades programadas para entrenar alguna o varias áreas cognitivas. Puede realizarse con métodos tradicionales de ejercicios de papel y lápiz, en dinámicas grupales o con soportes tecnológicos. Puede realizarse en el centro o en casa pero siempre debe ser guiada y planificada por un profesional, esto permitirá ajustar los ejercicios a las dificultades precisas y emplear los tiempos óptimos.

GEMA DÍAZ BLANCAT

NEUROPSICÓLOGA