Cuando una persona mayor comienza a presentar cambios en su memoria, estado de ánimo, comportamiento o capacidad para desenvolverse en el día a día, es habitual que surjan dudas en la familia: ¿Será simplemente cosa de la edad? ¿Necesitamos acudir a un psicólogo? ¿Estos olvidos son normales o deberíamos prestarles más atención? ¿Cuándo es conveniente pedir ayuda? ¿Y cómo saber qué tipo de profesional puede orientarnos mejor?…
No os preocupéis, no hace falta ser expertos para saber por dónde empezar.
Aunque ambas disciplinas están relacionadas, cada una tiene un enfoque y unos objetivos específicos. Conocer las diferencias entre Psicología y Neuropsicología puede ayudar a saber cuándo solicitar una valoración profesional y qué tipo de ayuda puede necesitar una persona mayor. Además, un centro de día puede ser un recurso de apoyo para las familias, al ofrecer atención especializada y actividades adaptadas a las necesidades de las personas mayores, favoreciendo su bienestar y autonomía.
Responde a 6 preguntas rápidas pensando en los cambios que habéis notado en vuestro familiar durante los últimos meses.
Pregunta 1 de 6
¿Qué diferencia hay entre Psicología y Neuropsicología?
La principal diferencia está en el objeto de estudio y en el tipo de dificultades que aborda cada disciplina.
La Psicología se enfoca principalmente en aspectos relacionados con las emociones, los pensamientos, la conducta y la forma en que las personas afrontamos las diferentes situaciones de la vida.
La Neuropsicología, por su parte, estudia la relación entre el funcionamiento del cerebro y la conducta, prestando especial atención a capacidades cognitivas como la memoria, la atención, el lenguaje, la orientación o las funciones ejecutivas.
Pero aquí viene algo importante: no son dos mundos separados. Las emociones pueden influir en el rendimiento cognitivo y los problemas cognitivos pueden generar frustración, tristeza, ansiedad o inseguridad.
Por eso, en determinados casos, Psicología y Neuropsicología pueden trabajar de manera complementaria.
¿Cómo trabaja el psicólogo con una persona mayor?
La intervención psicológica puede ser útil cuando una persona mayor atraviesa una situación que afecta a su bienestar emocional o a su capacidad para adaptarse a los cambios.
A lo largo de la vida todos tenemos que enfrentarnos a cambios, pero algunos pueden resultar especialmente importantes durante el envejecimiento.
Entre las situaciones en las que puede ser recomendable contar con apoyo psicológico encontramos:
- Depresión o tristeza persistente.
- Ansiedad y preocupaciones excesivas.
- Duelo por la pérdida de un ser querido.
- Soledad o aislamiento social.
- Dificultades de adaptación a la jubilación.
- Pérdida de autonomía.
- Cambios importantes en la situación familiar.
- Problemas de autoestima.
- Malestar emocional relacionado con una enfermedad.
- Dificultades para afrontar los cambios asociados al envejecimiento.
Un ejemplo cotidiano…
Imaginemos a una persona que acaba de jubilarse.
Durante muchos años tenía horarios, compañeros, responsabilidades y una rutina perfectamente establecida. De repente, llega la jubilación… y descubre que tener todo el día libre no siempre significa saber qué hacer con él.
Poco a poco deja de realizar actividades, sale menos de casa, pierde contacto con algunas personas y empieza a sentirse menos útil.
En una situación así, el apoyo psicológico puede ayudarle a adaptarse a esta nueva etapa, recuperar actividades significativas, trabajar su autoestima y encontrar nuevas fuentes de bienestar.
El objetivo de la intervención no es únicamente eliminar un síntoma, sino ayudar a la persona a desarrollar recursos para afrontar las dificultades y mejorar su bienestar y calidad de vida.
¿Cómo trabaja el neuropsicólogo con una persona mayor?
El neuropsicólogo se centra en evaluar y trabajar la relación entre el funcionamiento cerebral, las capacidades cognitivas y la conducta.
En las personas mayores, su intervención puede ser especialmente relevante cuando aparecen cambios en capacidades como:
- Memoria.
- Atención y concentración.
- Lenguaje.
- Orientación temporal y espacial.
- Velocidad de procesamiento.
- Razonamiento.
- Funciones ejecutivas.
- Capacidades visuoespaciales.
Una de las herramientas fundamentales del neuropsicólogo es la evaluación neuropsicológica. Esta evaluación permite conocer con mayor detalle cómo está funcionando una persona en diferentes áreas cognitivas y detectar tanto las capacidades que presentan dificultades como aquellas que permanecen conservadas.
Un ejemplo cotidiano…
Imaginemos que una persona empieza a: repetir preguntas, olvidar citas o acontecimientos importantes, presentar dificultades para organizar determinadas actividades, tener problemas para encontrar determinadas palabras, perderse en lugares conocidos, tener problemas para seguir una conversación o mantener la atención o mostrar cambios que interfieren progresivamente en su vida cotidiana.
En estos casos, una valoración neuropsicológica puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y a determinar qué capacidades cognitivas están afectadas y cuáles continúan funcionando adecuadamente.
Y aquí hacemos una pequeña pausa para recordar algo muy importante:
Tener problemas de memoria no significa necesariamente tener Alzheimer
A veces, ante el primer olvido, la familia piensa inmediatamente en una enfermedad neurodegenerativa. Es comprensible, pero no todos los olvidos tienen la misma causa.
El envejecimiento normal puede producir algunos cambios en la memoria o en la velocidad con la que procesamos determinada información. Además, factores como la ansiedad, la depresión, el estrés, los problemas de sueño o determinados medicamentos pueden influir en la atención y el rendimiento cognitivo.
Por este motivo, cuando los cambios son persistentes, aumentan con el tiempo o empiezan a interferir en la vida cotidiana, consultar con un profesional puede ser la mejor manera de salir de dudas.
A veces la respuesta es mucho más sencilla de lo que imaginábamos. Y, cuando existe un problema que necesita atención, detectarlo a tiempo permite actuar cuanto antes.
Psicología y Neuropsicología: dos disciplinas que pueden complementarse
Entonces, ¿psicólogo o neuropsicólogo? … La respuesta no siempre es “uno u otro”.
En determinados casos, la combinación de ambas perspectivas permite ofrecer una atención más completa e individualizada.
Lo más importante es no normalizar automáticamente cualquier cambio asociado a la edad ni asumir que todos los problemas de memoria significan una enfermedad neurodegenerativa.
Por ejemplo, una persona puede presentar dificultades de memoria y, al mismo tiempo, sentirse triste, insegura o angustiada por esos cambios.
En ese caso, la evaluación neuropsicológica puede ayudar a conocer el funcionamiento cognitivo, mientras que la intervención psicológica puede abordar el impacto emocional que esa situación está teniendo en la persona.
Porque, al final, memoria, emociones, conducta y autonomía están mucho más conectadas de lo que parece.
