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Los 20 mejores ejercicios y actividades para la rehabilitación de las afasias

actividades para trabajar la afasia

La afasia es una alteración del lenguaje que puede dificultar la capacidad de una persona para hablar, comprender lo que escucha, leer, escribir o encontrar las palabras adecuadas. Su manifestación puede variar mucho de una persona a otra, por lo que la rehabilitación del lenguaje debe adaptarse a las capacidades y dificultades concretas de cada caso.

Los ejercicios para la afasia buscan estimular diferentes habilidades relacionadas con la comunicación, como la comprensión, la denominación de objetos, la repetición, la expresión oral, la lectura o la escritura. Algunas actividades pueden realizarse durante las sesiones de terapia de neuropsicología para mayores y otras pueden practicarse también en casa con ayuda de familiares o cuidadores.

Lo importante es seleccionar ejercicios adecuados al nivel de la persona y aumentar progresivamente su dificultad. La práctica en casa puede servir como complemento, pero no debería sustituir el seguimiento de un profesional especializado en rehabilitación del lenguaje.

Ejercicios de comprensión para personas con afasia expresiva

Las dificultades para comprender palabras, frases o conversaciones aparecen en algunos tipos de afasia. En estos casos pueden emplearse ejercicios destinados específicamente a trabajar la comprensión oral y escrita.

Asociar imágenes con palabras

Una de las actividades más sencillas consiste en mostrar una imagen junto con varias palabras y pedir a la persona que seleccione la que corresponde al objeto representado.

Por ejemplo, puede mostrarse la fotografía de una cuchara y las palabras “vaso”, “cuchara” y “plato”. La persona debe identificar la opción correcta.

También puede realizarse a la inversa: presentar una palabra y varias imágenes para seleccionar la correspondiente.

Este tipo de ejercicios trabaja simultáneamente el reconocimiento, la comprensión, la denominación y la asociación entre palabras y conceptos. Conviene comenzar con objetos familiares y aumentar gradualmente la dificultad.

Seguir órdenes sencillas con objetos

Los objetos cotidianos pueden convertirse en un recurso sencillo para trabajar la comprensión.

Podemos colocar sobre una mesa diferentes elementos, como un vaso, unas llaves y un bolígrafo, y proporcionar instrucciones como:

  1. “Toca el bolígrafo”.
  2. “Coge las llaves”.
  3. “Pon el vaso encima de la mesa”.

Al principio es recomendable utilizar instrucciones de un solo paso. Si la persona las realiza correctamente, pueden introducirse órdenes algo más complejas.

Responder preguntas de sí o no

Otra actividad consiste en realizar preguntas sencillas cuya respuesta sea afirmativa o negativa.

Puede mostrarse una fotografía de una persona leyendo y preguntar: “¿Está cocinando?”. La persona deberá responder sí o no.

Las tareas de verdadero o falso también pueden emplearse para estimular la comprensión de frases, aumentando progresivamente su complejidad.

Escuchar una historia y responder preguntas

Se puede leer una historia corta y realizar después preguntas básicas sobre lo sucedido:

“¿Quién aparecía en la historia?”, “¿Qué ocurrió?” o “¿Cómo terminó?”.

Si existe dificultad para comprender el relato completo, es posible leerlo lentamente, dividirlo en fragmentos o repetir las frases más importantes.

Ejercicios de expresión y nominación para la afasia

Encontrar la palabra adecuada puede resultar especialmente complicado para algunas personas con afasia. Por ello, muchos ejercicios se orientan hacia la denominación y la recuperación de palabras.

Nombrar objetos cotidianos

Una actividad sencilla consiste en señalar objetos presentes en una habitación y pedir a la persona que diga su nombre.

Puede comenzarse con elementos familiares como:

  • Mesa.
  • Silla.
  • Lámpara.
  • Taza.
  • Bolígrafo.
  • Teléfono.

Cuando estos objetos se reconocen con facilidad, pueden utilizarse fotografías o dibujos de elementos menos frecuentes.

Describir un objeto para encontrar su nombre

En este ejercicio no se muestra directamente el nombre del objeto, sino que se describe su función o alguna de sus características.

Por ejemplo:

“Es un objeto que sirve para cortar papel”.

La respuesta sería “tijeras”.

También puede realizarse a la inversa: mostrar un objeto y pedir a la persona que explique para qué sirve.

Esta actividad permite trabajar la relación entre el concepto, sus características y la palabra que lo representa.

Nombrar palabras de una misma categoría

Se elige una categoría y se pide a la persona que mencione tantos elementos como pueda.

Por ejemplo:

Frutas: naranja, manzana, pera, plátano.

Animales: perro, gato, caballo, elefante.

Prendas de ropa: camisa, pantalón, abrigo, vestido.

El número de respuestas y el tiempo disponible pueden ajustarse a las capacidades del paciente.

Decir palabras contrarias

Los antónimos también pueden utilizarse para estimular la recuperación de vocabulario.

Algunos ejemplos son:

  • Caliente / frío.
  • Grande / pequeño.
  • Rápido / lento.
  • Claro / oscuro.
  • Cerca / lejos.

Buscar palabras alternativas

Cuando una persona sabe qué quiere comunicar, pero no consigue encontrar una palabra concreta, puede practicarse la búsqueda de formas alternativas de expresar la misma idea.

Por ejemplo, si no aparece la palabra “taza”, se podría decir “lo que utilizo para beber café”.

También pueden buscarse sinónimos o palabras relacionadas. El objetivo no es únicamente recuperar un término determinado, sino desarrollar estrategias que permitan mantener la comunicación cuando una palabra no aparece.

Nombrar objetos utilizando pistas

Si la persona no consigue encontrar la palabra, pueden proporcionarse ayudas progresivas.

Por ejemplo, puede mostrarse la fotografía de un tomate. Si no consigue nombrarlo, se le puede ofrecer el primer sonido o la primera sílaba: “to…”.

Las pistas fonológicas pueden facilitar la denominación y utilizarse como apoyo antes de proporcionar directamente la respuesta.

Ejercicios de repetición y producción oral

La repetición permite trabajar la producción del lenguaje de una forma estructurada. Las actividades pueden comenzar con unidades sencillas y avanzar poco a poco.

Repetir palabras

Se pueden pronunciar palabras para que la persona las repita.

Es recomendable comenzar con términos cortos y familiares:

“Pan”, “casa”, “mesa” o “gato”.

Posteriormente pueden introducirse palabras con mayor número de sílabas. NeuronUP propone precisamente aumentar gradualmente la dificultad teniendo en cuenta la longitud de las palabras.

Repetir frases

Cuando la repetición de palabras resulte más sencilla, pueden practicarse frases cortas:

  • “El niño corre”.
  • “Quiero beber agua”.
  • “Hoy hace sol”.

A medida que mejore la ejecución, puede incrementarse paulatinamente la longitud de las oraciones.

Formar frases a partir de una imagen

Otra posibilidad es mostrar una fotografía en la que aparezca una acción y pedir a la persona que explique qué sucede.

Por ejemplo, ante la imagen de una niña comiendo una manzana se puede intentar construir la frase:

“La niña come una manzana”.

Si necesita ayuda, pueden realizarse preguntas como: “¿Quién aparece?”, “¿Qué está haciendo?” o “¿Qué objeto utiliza?”. NeuronUP propone este tipo de apoyos para facilitar la construcción de enunciados.

Ordenar palabras para construir una frase

Se pueden presentar varias palabras desordenadas:

“agua / bebe / niño / el”.

La persona deberá colocarlas correctamente:

“El niño bebe agua”.

Conviene empezar con frases cortas y aumentar su longitud conforme la actividad resulte más sencilla.

Ejercicios de lectura para rehabilitar el lenguaje

La lectura permite trabajar varias habilidades al mismo tiempo, ya que implica reconocer palabras, comprender su significado y, cuando se realiza en voz alta, producirlas verbalmente.

Leer palabras en voz alta

Puede comenzarse con palabras sencillas relacionadas con la vida cotidiana.

Por ejemplo:

  • “Casa”.
  • “Comida”.
  • “Familia”.
  • “Teléfono”.

Utilizar vocabulario familiar puede facilitar la actividad.

Leer frases y pequeños párrafos

El siguiente paso puede ser leer frases breves o pequeños textos.

Al principio pueden utilizarse párrafos de dos o tres líneas sobre temas conocidos. Después de leerlos, se pueden formular preguntas para comprobar la comprensión.

También es posible utilizar materiales cotidianos como mensajes de teléfono, notas o pequeños textos relacionados con familiares y actividades habituales.

Constant Therapy señala que la lectura en voz alta combina reconocimiento de palabras, comprensión y producción oral, y recomienda utilizar inicialmente textos sencillos y significativos para la persona.

Ejercicios de escritura para personas con afasia

La rehabilitación del lenguaje también puede incluir actividades de escritura adaptadas al nivel de cada persona.

Escribir el nombre de una imagen

Se muestra un objeto o una fotografía y se pide a la persona que escriba su nombre.

Por ejemplo, ante la imagen de una casa debe escribir “casa”.

Si resulta demasiado difícil, pueden proporcionarse algunas letras iniciales como apoyo.

Escribir frases utilizando una palabra

Se proporciona una palabra y se pide que construya una frase.

Por ejemplo:

Palabra: “perro”.

Frase: “El perro está en el jardín”.

La longitud y complejidad de la oración pueden aumentar progresivamente.

Completar y ordenar palabras

También pueden utilizarse sílabas o letras desordenadas.

Por ejemplo:

“SA – CA” → “CASA”.

O:

“A – S – M – E” → “MESA”.

NeuronUP recoge actividades basadas en la formación de palabras mediante sílabas y letras aisladas como parte de la producción oral y escrita.

Sopas de letras y crucigramas

Las sopas de letras y los crucigramas pueden emplearse como actividades complementarias para practicar el reconocimiento y recuperación de palabras.

Drugs.com incluye ambos recursos entre las actividades destinadas a trabajar el lenguaje escrito en personas con afasia anómica.

Ejercicios para la afasia que se pueden hacer en casa

Muchos ejercicios para la afasia pueden adaptarse al domicilio utilizando materiales cotidianos.

No es necesario disponer siempre de fichas específicas. Las fotografías familiares, los objetos de una habitación, una revista o los mensajes del teléfono pueden utilizarse para trabajar el lenguaje.

Algunas actividades sencillas son:

  • Nombrar los objetos presentes en la cocina o el salón.
  • Identificar a familiares en fotografías y decir sus nombres.
  • Clasificar palabras por categorías.
  • Describir objetos sin decir directamente su nombre.
  • Leer mensajes breves.
  • Ordenar los pasos necesarios para preparar un café o lavarse los dientes.
  • Escuchar una historia corta y responder preguntas.
  • Escribir el nombre de objetos representados en fotografías.

Constant Therapy indica que diferentes ejercicios pueden realizarse tanto durante la terapia como en casa, de manera independiente o con la ayuda de familiares o cuidadores.

La actividad debería ajustarse siempre al nivel de la persona. Si un ejercicio resulta demasiado difícil, puede simplificarse en lugar de insistir repetidamente sobre la misma tarea.

¿Cómo adaptar los ejercicios según el tipo de afasia?

No todas las personas con afasia presentan las mismas dificultades. Por ello, los ejercicios deben seleccionarse según las habilidades lingüísticas afectadas. En nuestro centro de día, la atención de nuestros profesionales es totalmente personalizada por esto mismo.

Cuando predominan las dificultades para expresarse, pueden tener mayor protagonismo actividades de repetición, denominación, construcción de frases y producción oral.

Si la principal dificultad aparece en la comprensión, pueden utilizarse tareas de asociación entre imágenes y palabras, seguimiento de instrucciones, historias breves o ejercicios de verdadero y falso.

Cuando existe dificultad para recuperar nombres, como sucede en la afasia anómica, pueden resultar útiles la denominación de objetos, las categorías semánticas, los antónimos, las descripciones y las pistas fonológicas.

Estas categorías sirven como orientación, pero no deberían utilizarse para diseñar por cuenta propia un programa de rehabilitación. Un profesional puede valorar qué habilidades están conservadas y cuáles necesitan mayor trabajo.

Consejos para familiares al realizar ejercicios con una persona con afasia

Los familiares y cuidadores pueden desempeñar un papel importante a la hora de facilitar la práctica del lenguaje y la comunicación cotidiana.

Durante los ejercicios conviene hablar con claridad, utilizar frases sencillas y dar tiempo suficiente para responder. Si una palabra no aparece inmediatamente, es preferible esperar unos segundos antes de proporcionar la respuesta.

También pueden utilizarse distintos apoyos: imágenes, gestos, escritura, objetos reales o pistas verbales.

Es recomendable empezar por contenidos conocidos y significativos para la persona. Hablar de su familia, sus aficiones o sus rutinas suele resultar más funcional que utilizar vocabulario completamente ajeno a su vida cotidiana.

Las correcciones pueden realizarse de forma moderada y evitando convertir cada conversación en un ejercicio. Constant Therapy recomienda correcciones suaves cuando sean necesarias y destaca la utilidad del apoyo de familiares o cuidadores durante determinadas actividades.

Por último, la dificultad debe aumentar de manera progresiva. Si aparecen cansancio o frustración, puede ser preferible simplificar la actividad o retomarla en otro momento.

¿Cuándo acudir a un profesional para rehabilitar la afasia?

La rehabilitación de la afasia debería contar con la valoración de un profesional especializado en lenguaje y comunicación.

El terapeuta puede determinar cuáles son las capacidades afectadas, seleccionar los ejercicios más adecuados y establecer un plan de tratamiento adaptado a las necesidades de cada persona.

Drugs.com recomienda realizar el seguimiento con un terapeuta del habla según las indicaciones recibidas y recuerda que este profesional puede ayudar a diseñar el plan terapéutico.

Los ejercicios realizados en casa pueden complementar el trabajo profesional, pero no sustituyen una evaluación individualizada. Además, no existe una única rutina válida para todas las personas con afasia: el tipo de actividad, su dificultad y su progresión deberían adaptarse a cada caso.

 

 Autor: Alba González Quevedo

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